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El Hospital San Vicente Fundación enseña en el libro ‘Duelo y muerte’ a enfrentarlos

‘Duelo y muerte’ es el nombre del último libro que publicó el Hospital San Vicente Fundación y la preocupación que desde niño ha tenido su autor José Mario Gómez Lizarazo, médico siquiatra de esta IPS, quien lo presentó recientemente ante la comunidad.

“Los procesos de aprendizaje mío me aproximaron mucho más al tema y entendí que era uno de los temas centrales tanto en la medicina, como en el sufrimiento de muchas personas, por eso me parece muy importante tratar de abordarlo y reflexionar sobre eso”, indicó el especialista.

Sin embargo, esta inquietud no sólo a él lo ha acompañado, sino que es una preocupación constante para los médicos, pues la gran mayoría de las personas no está preparada para asumir el óbito de un allegado; no se sabe qué hacer ante éste.

“Somos una cultura que niega la muerte y a veces termina negando la vida y cuando nos toca la muerte -que necesariamente nos va a tocar- no sabemos qué hacer, ni qué enfrentar y simplemente nos sumimos en la desesperación; entonces un duelo no resuelto genera una serie de enfermedades y problemas que termina empeorando mucho el dolor y el sufrimiento de un ser humano”, aseveró el siquiatra.

Cada persona maneja el duelo desde sus propios recursos. Hay gente que recurre al licor, a sustancias alucinógenas, a la depresión o al juego para olvidar la pérdida del ser querido, convirtiéndosele en un problema ya que puede crearle una adicción.

“Todas estas cosas lo que hacen es empeorar su sufrimiento porque no hay ninguna sanación, y esto no es que limpie el alma o mejore su proceso. Es una cosa lamentable, pero si por el contrario, las personas tienen un recurso positivo como la pintura, la escritura, la literatura, la poesía, la música, la danza, esto sí les puede ayudar a sanar”, reiteró el galeno.

En consecuencia, extendió la invitación a la comunidad para que cada quien utilice sus recursos y si es limitado en éstos, que busque ayuda profesional para superar el dolor de la manera más adecuada.

El duelo se elabora exponiéndolo, enfrentándolo, no escondiéndolo, utilizando todos los recursos que tenga positivos. Negándolo, ocultándolo o reprimiéndolo no permite ningún avance.

Una misiva

La carta del duelo es uno de los abordajes más costo-efectivos que existen. Esta propuesta se presenta en el libro. Consiste en escribir a mano en una hoja de papel lo que le quiera decir el doliente al difunto con el fin de sanar lo que quedó pendiente.

Ahí la sugerencia es que sea de cuatro capítulos en los que se incluyen el reclamo, el perdón, el afecto y la despedida. “Básicamente es como un diálogo con esa persona para tratar de no quedarse con nada, como no guardar nada frente a esa persona, ni positivo, ni negativo, sino soltarlo de alguna manera”, explicó el doctor.

En el libro se recomienda que esa carta al final se queme como algo simbólico con el propósito de procesar el duelo.

Gómez Lizarazo ha tenido pacientes terminales durante dos o tres años y ningún familiar les ha hablado del fallecimiento como si no fuera a sucederles y al momento de llegar el deceso, todos quedan en shock, pues nadie sabe qué hacer, ni qué va a pasar.

El manejo del duelo no depende de la edad, el sexo o la condición económica, todo depende de los recursos con que cuente el afligido.

“La invitación de este libro es a hablar del tema, a pensarlo, a tramitarlo. Le cuesta la muerte al que no haya tramitado eso”, apuntó el autor.

Este médico también ha conocido de casos donde el afectado es un niño o un adolescente, quien tiene mucho conocimiento de cómo enfrentar el duelo por el perecimiento de un allegado y ha sabido asumirlo.

La elaboración del duelo dura dependiendo de cada persona. Hay expertos en Estados Unidos que hablan de un período de seis meses, otros en Europa mencionan que es de un año. “A mí eso me parece bastante absurdo meter en una calza el sufrimiento y los procesos de cada uno”, dijo el investigador.

Ha habido casos en que el duelo se ha hecho en 20 años y otros en que se ha logrado en dos o tres meses. Eso dependen de la preparación que haya tenido el allego del difunto, de los recursos que tenga, de los acompañamientos que le den, reiteró el doctor Gómez.

Luisa Fernanda Rodríguez Jaramillo
Luisa Fernanda Rodríguez Jaramillo
Comunicadora social y periodista de la Universidad Jorge Tadeo Lozano (Bogotá) y especializada en orientación profesional y ocupacional de la Universidad Francisco de Paula Santander (Cúcuta).

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