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Alianzas IPS – EPS

Las modalidades de contratación entre aseguradores y prestadores en el sector salud colombiano ha sido un tema ampliamente discutido recientemente, entre otras razones, por los avances de investigación que se han encontrado en otras partes del mundo respecto a modelos de aseguramiento basados en valor, en riesgo compartido y otras novedosas modalidades contractuales.

A pesar de que la discusión sobre modelos de contratación prospectivos y pagos por desempeño está al rojo vivo en la actualidad, la discusión de fondo probablemente no se está dando adecuadamente en el sentido en que los actores no se están viendo entre sí como aliados sino como meras partes en la suscripción de contratos de prestación de servicios.

Tal vez, por herencia de las antiguas artimañas que se usaban para contratar entre EPS e IPS hace 10 o 15 años, cuando el fantasma de la integración vertical no era tan visible como lo es hoy, la desconfianza entre los actores se ha mantenido o incluso aumentado, y en consecuencia no ha sido posible alinear los intereses de cada una de las partes.

En la práctica esto ha llevado a que las empresas contratantes no vean en las Instituciones Prestadoras de Servicios aliados estratégicos en el tiempo, que permitan brindar nuevos conocimientos e incluso iniciativas para mejorar las condiciones de quien contrata los servicios.

Por el contrario, ven empresas cuyo único objetivo es el corto plazo, el flujo de caja y por supuesto las jugosas utilidades que suelen reportarse al final del año en los estados financieros de las empresas del sector de la prestación.

Considero que esto ha sucedido porque muchas de las empresas de la prestación no han sumado esfuerzos en hacerse notar como socios estratégicos, como partes activas del proceso de generación de utilidades y asesores permanentes de mejoras en la prestación.

Todo esto sumado ha resultado en una disrupción parcial de la confianza entre las partes. No es posible entender, en pleno siglo XXI, que algunas IPS sean todavía aquellas figuras estáticas que no “devuelven” en beneficios lo que reciben del sector asegurador.

Tal vez, dejando por fuera los varios problemas de caja, pagos y demás (de lo cual sobra literatura y opiniones), también hace falta preguntarnos qué estamos haciendo los prestadores por vernos como reales socios de las empresas que nos contratan.

Recordemos que, en nuestro sistema de salud, como está concebido, probablemente somos nosotros, los prestadores de servicios médicos, quienes mejor conocemos a nuestros pacientes, a las poblaciones y sus requerimientos en términos de servicio, oportunidad y calidad.

Sugiero que antes de dar un debate sobre las mejores y más innovadoras formas de contratación y pago, nos preguntemos sobre lo básico, sobre los “plus” que podemos ofrecer desde la prestación aún cuando la forma de contratación sea la más anticuada de todas: el pago por evento.

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