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El secreto de la longevidad de quienes viven más de 100 años

Científicamente está demostrado que el ser humano desde lo biológico está diseñado para vivir entre 120 y 125 años. Esa capacidad se va perdiendo desde el primer día de nacidos, dada la influencia en mayor o menor grado de tantos factores exógenos (externos como el medio y otras circunstancias) y endógenos que corresponden a la propia naturaleza genética del individuo.

Los factores circunstanciales que reducen la expectativa de vida son muchos. Entre ellos incide la condición socioeconómica que puede determinar el acceso a bienes y servicios para prevenir males crónicos y mantener cierto nivel de salud. La disposición de agua potable y suficientes alimentos es factor concluyente. Además de ello el nivel cultural y de educación lleva a la toma de buenas o malas decisiones en el autocuidado personal. También el ser humano de hoy está expuesto a muchos más riesgos.

El misterio de Acciaroli

Aunque hay grandes avances en el campo de la medicina, lo anterior ha reducido la expectativa de vida de forma dramática entre 40 y 50 años, con algunas excepciones de focos con población longeva. Uno de los casos más destacables se encuentra en el mítico poblado italiano de Acciaroli ubicado al sur de Nápoles. Allí uno de cada nueve habitantes vive 100 o más años, mientras la media de la población del mundo de vivir más allá del siglo es de una entre 10 mil personas. Esto ha llamado poderosamente la atención de la ciencia.

Varios estudios se han realizado, ya que tal es la longevidad de las personas de esta localidad, que un grupo de investigación de la Universidad La Sapienza (Roma) y la Universidad de California (San Diego) seleccionó una muestra inicial de 300 adultos para conocer los motivos por los que viven tanto tiempo. Una de las hipótesis que manejan los investigadores, que también buscan determinar por qué los índices de enfermedades del corazón y de Alzhéimer son tan bajos, es que se debe a la “dieta mediterránea”, compuesta por grandes cantidades de frutas, pescado, vegetales frescos y pocos carbohidratos.

El efecto de la “Adrenomedulina” 

Pero según lo más avanzado del estudio, se podría explicar que la propensión de estos centenarios a casi nunca padecer enfermedades cardíacas o cognitivas como el Alzheimer, se debe al hecho de que un marcador biológico está poco presente en sus organismos, se trata del vasodilatador ‘adrenomedulina’. Esta sustancia se encuentra en muy bajas cantidades en todos los sujetos longevos estudiados, y su ausencia parece actuar como poderoso factor de protección, favoreciendo un desarrollo óptimo de la microcirculación, es decir, la circulación sanguínea capilar.

La adreomedulina ha venido adquiriendo importancia creciente en los últimos años ya que se ha demostrado se encuentra en mayores cantidades en los organismos de individuos con enfermedades crónicas como la diabetes 2, hipertensión arterial, aterosclerosis y en el llamado síndrome metabólico. Esto pone de manifiesto su influencia y relevancia en estos trastornos y su posible uso como marcador de riesgo. Es decir entre más adrenomedulina se posea, mayor riesgo de estos males degenerativos que acortan la vida significativamente.

Después de analizar muestras de sangre tomadas a más de 80 personas de edad bien avanzada, los investigadores confirmaron que cada uno de ellos tenía niveles increíblemente bajos de adrenomedulina. Cuando las personas envejecen, sus cuerpos suelen producir más adrenomedulina, que contrae los vasos sanguíneos. Esto lleva a problemas circulatorios y a otros males. Sin embargo, los niveles de adrenomedulina de estos jubilados están al mismo nivel que los de las personas sanas de entre 20 y 30 años.

Este resultado lleva a plantearnos algunas inquietudes: ¿Qué es lo que origina esta situación y si esta solución puede trasladarse a otras comunidades?

Más actividad, cero alcohol, menos comida

Según el Dr.Alan S. Maisel, profesor de medicina cardiovascular en la universidad de San Diego, los investigadores se interesaron mucho en la alimentación de estas personas, la famosa dieta mediterránea con aceite de oliva, pero también en la genética. Los centenarios podrían tener un gen que logra extraer las propiedades beneficiosas de ciertos productos consumidos regularmente, “como el romero, que mejora las capacidades del cerebro”, precisó el profesor Maisel.

Entre las 80 personas más ancianas que participaron en el estudio, 25 de las cuales eran centenarias, ninguna sufría la enfermedad de Alzheimer. Eso sí, todas practicaban una actividad física a diario, como la pesca, el mantenimiento de su huerto o el paseo, en este pueblo de calles escarpadas. Muchas de estas personas mantienen una actividad sexual importante.

Pero es muy concluyente la explicación entregada por una de las protagonistas de Acciaroli. Se trata de la “saludable” Cleonice Pascale, de 89 años, quien afirmó que todos los años que ha vivido se los debe a mantenerse ocupada, nunca beber alcohol y comer poco. Tal vez sea este el verdadero meollo del asunto, que todos podríamos poner en práctica.

Apostilla: El secreto más sabio de la longevidad puede ser este: “comer la mitad, andar el doble, reír el triple”. Allí está la verdadera esencia del ser humano y de la felicidad legítima

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