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En Colombia hay esperanza en la batalla contra el Covid-19

La emergencia sanitaria que padece el mundo es la peor de los últimos 100 años, y será la más grave debacle del planeta en el último siglo. La Segunda Guerra Mundial no afectó a todos los países y la Gripe Española (mal llamada así) fue hace 102 años. Una vez se supere esta pandemia, el mundo nunca volverá a ser el mismo, las transformaciones serán sustanciales.

Llama la atención, que aún en época de la más crítica emergencia sanitaria, no se depongan las armas ideológicas o partidistas en Colombia. La actitud beligerante de tantos dirigentes políticos, que buscan protagonismos y poner palos en la rueda de las soluciones del gobierno y otros sectores, le hace más daño a la sociedad civil. Es indignante que no haya una tregua por una causa humanitaria. Las rencillas, ataques y una evidente mala intención son frecuentes. Esto desgasta e impide un trabajo armónico, para enfrentar a un enemigo común.

Evidenciar diferencias políticas, provoca grietas que facilitan el ataque por el Covid 19 (C19). Una enorme falta de grandeza y sabiduría. Quienes hacemos parte del sector salud y particularmente de las líneas de investigación e intervención en salud pública, conocemos la relación de la dimensión del desastre sanitario y la manera como el gobierno actúa. Las decisiones no han sido administrativas, sino bajo la evidencia científica. Haciendo caso al estamento idóneo para conocer la evolución de una pandemia con sus riesgos y consecuencias.

El gobierno tomó a tiempo, incluso con cierto adelanto, una decisión difícil pero valiente; confinar a todo un país, ante el riesgo catastrófico de una alta mortalidad. Posteriormente a pesar de las debilidades del sistema de salud se ha hecho diligente seguimiento a la proliferación infecciosa. Es cierto que aún faltan muchas pruebas diarias de diagnóstico. Seguramente hay subregistro importante de los contagiados, pero la logística de aislamiento, cuarentenas, reorganización hospitalaria, es aceptable.

El infraregistro es en todos los países. Llama la atención que las naciones más afectadas y con mayores calamidades, son las supuestas más ricas y poderosas del mundo. Empezando por los EEUU, con las tragedias que hoy viven España, Italia, Francia, Gran Bretaña, Rusia, Alemania, Suiza y los países nórdicos. Hasta el mismo Canadá ejemplo mundial en salud pública, está peor que Colombia. Solo estas naciones tienen más de 2.3 millones de infectados, de los 3,1 millones en total hasta hoy.

Esos países han fallado en la decisión política y oportuna del aislamiento preventivo, como si se hizo en Colombia. Actuaron tarde dando ventajas a pesar de su enorme poderío económico y unos robustos sistemas de salud. Colombia está muy por debajo de ellos, pero la diferencia ha estado en una decisión gubernamental a tono con la ciencia. La clave ha sido atender las recomendaciones científicas, como al parecer lo viene haciendo el presidente colombiano, quien muestra talante y serenidad ante la emergencia.

El aislamiento decretado en Colombia ha funcionado a pesar de la indisciplina de mucha gente. Algunos se ven obligados por la necesidad de supervivencia, a saltarse la cuarentena, como acontece en Bogotá. En Colombia hay al menos tres ciudades muy afectadas, dos de frontera (Ipiales y Leticia) y la capital de la república (Villavicencio tienen un puntual problema carcelario). Las dos primeras se entienden por el impacto producido por Ecuador y Brasil los dos países más golpeados por el C19 en Suramérica.

Bogotá tiene casi la mitad de los contagiados diagnosticados (más del 40% con una séptima parte de la población del país). Pero son aún más graves sus problemas socioenómicos. Todos los días hay fuertes protestas ciudadanas además de focos de aglomeraciones, especialmente en algunas estaciones de Transmilenio; menos del 70% de la población estaría aislada. Las cifras no coinciden con la dinámica de la alcaldesa, quien se muestra locuaz con las mayores inversiones y atenciones del país concentradas. ¿Qué está pasando en Bogotá?

El crecimiento epidémico del número de casos es aún lineal, con perspectiva estadística de mantenerse. La verdadera curva es el poder de contagio y hasta el 1 de mayo ha estado estable (plana) en cuanto al potencial de contagio, ya que se mantiene en un 6,4 por ciento de casos positivos sobre el total de evaluados, con una tasa de letalidad del 4,5 por ciento. El R0 está cercano a 1, esto significa que la trasmisibilidad del C19 está ralentizada. Lo más probable es que si se realizan muchas pruebas, esos valores se podrían reducir; son los indicadores más significativos para determinar la evolución de la pandemia en un país.

Pero el buen trabajo hasta ahora realizado, podría echarse a perder, por la presión del sector productivo. Hay un duro pulso entre la ciencia y la economía para reducir a un mínimo el aislamiento preventivo, por uno llamado inteligente. Si ello ocurre a partir del 11 de mayo (que es lo más probable), la segunda oleada podría ser catastrófica, como ocurrió hace un siglo con la peste española. Se confiaron alegremente con la cuarentena y las víctimas mortales se contaron luego por millones.

En conclusión, en el comparativo final al 1 de mayo Colombia es de los países con mejores indicadores, algo esperanzador. Significa que al menos el manejo o el control frente a la emergencia ha dado resultados aceptables, contribuyendo a prevenir muchas muertes como no ocurre en esos países altamente ‘desarrollados’. Cuando termine la crisis, unos buenos meses más adelante, el mapa cambiará sustancialmente, la geopolítica será distinta, con un desastre mundial peor que en una guerra. Tal vez dejaremos de estar engañados (o manipulados) por las supuestas grandes potencias, desnudadas por cuenta del Covid-19.