Grupo de enfermeras investigadoras de la UIS obtiene premio internacional

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El nacimiento de un hijo es visto como una experiencia magnífica y gratificante para la mujer. Incluso la publicidad estimula la idea del embarazo y el parto como dos etapas maravillosas en las que la dicha es una constante para la futura madre. Pero es poco común hablar de los cambios trasgresores que sufre la gestante a nivel físico interno y externo como también del festín de emociones variopintas que celebran las hormonas durante esta etapa. Y si a esto se suma un nacimiento traumático o prematuro, pues las dificultades para los padres, en especial para la materna se elevan exponencialmente.

Es común entre los profesionales médicos y las enfermeras hablar del nivel de afrontamiento de las gestantes cuando tienen un bebé prematuro, con los posibles riesgos que esto conlleva. Las investigaciones dan cuenta que el nivel de estrés se eleva por cuanto la mujer no puede estrechar su vínculo con el recién nacido de forma natural por la vulnerabilidad y hospitalización del neonato, además de preocupaciones adyacentes como el incremento en los gastos que esto supone.

Basadas en las experiencias cotidianas en el Hospital Universitario de Santander (HUS), un grupo de enfermeras vinculadas a la escuela de enfermería de la Universidad Industrial de Santander (UIS) llevaron a cabo una investigación con metodología de ensayo clínico a través de la cual se realizó “una intervención de enfermería durante cuatro días seguidos y nosotros veíamos cómo se daba el afrontamiento de tener un bebé prematuro”, dice la enfermera y docente Mayut Delgado Galeano, quien hizo parte del estudio junto a Beatriz Villamizar Carvajal, Iliana Milena Ulloa Sabogal y Martha Isabel Camargo Ramírez

Por su parte, Beatriz Villamizar Carvajal, doctora en enfermería, docente de la Escuela de Enfermería de la UIS y quien lideró la investigación, señala que esta metodología es la más rigurosa “porque se hace un cálculo de tamaños de muestra, que tiene unos criterios de inclusión y de exclusión y se tienen dos grupos para comparar la eficacia. Aquí medimos la eficacia de la escritura en el nivel de afrontamiento, en mejorar el nivel de afrontamiento en las madres de los recién nacidos”.

 Un merecido reconocimiento

El trabajo Efficacy of  expressive writing in copyng of mother of prematures newborns  que contó con la aprobación del comité de ética de la UIS y del HUS, tuvo una duración de un año en el que se recogió la muestra con 64 madres, divididas en dos grupos: a quienes se les aplicó la metodología, y otro más en el que no hubo intervención; fue presentado en un evento desarrollado por la Universidad Mount Saint Mary de los Ángeles, Estados Unidos  y allí obtuvo el premio Lizzie Whetsell.

En el encuentro se hicieron presentes investigadores de México, Panamá, Japón, Colombia y Estados Unidos para socializar trabajos enmarcados en el uso del modelo de adaptación de Roy, cuya tesis define que los individuos y grupos responden a estímulos ambientales para adaptarse y entre los que se cuentan: “el focal, el contextual y el residual, los que considera como una fuerza de constante cambio que afecta a los individuos y los grupos”, explican  Beatriz Villamizar y María Mercedes Durán de Villalobos en la publicación: Modelo de adaptación de Roy en un ensayo clínico controlado.

Fue un ensayo aplicado con análisis cuantitativo y cualitativo. La parte cuantificable se hizo a través de la medición del nivel de afrontamiento de las madres en el nacimiento de su recién nacido prematuro. “Y a la vez se hizo análisis de los escritos que estas mamás hicieron, desde la mirada cualitativa”, explica Villamizar Carvajal.

A través de textos en los que se invitaba a las madres a plasmar sus emociones, se analizó el modo en que ellas, el grupo controlado o intervenido, se veía dentro de la situación que afrontaban por no haber tenido un parto en el tiempo previsto y por los problemas de salud del recién nacido. De igual modo fue una herramienta para lograr que durante la primera semana, que es la más crítica, luego del nacimiento, las mujeres pudieran sentirse mejor.

 “La evidencia ha mostrado que estas madres presentan un estrés postraumático, entonces no se han hecho muchos trabajos donde se les dé la oportunidad de trabajar esta parte, durante la primera semana. Entonces la idea es que ayudándoles a trabajar durante la primera semana ese nivel de estrés a través de la escritura de sus emociones, de sus sentimientos, pues la mamá se sienta mejor, para que pueda cuidar al bebé de otra forma: de una forma más tranquila, más relajada, suelta de temores, tensiones y ansiedad; siguiendo el bebé obviamente hospitalizado, pero que ella lo vea de otra forma y asuma esa situación con mayor tranquilidad”, dice Beatriz.

A esto se sumaron encuentros donde había apertura al diálogo para que las maternas se desahogaran y narraran sus historias de vida. “Muchas de ellas con falta de redes de apoyo y eso hace que lo que están viviendo sea más traumático”.

Sin embargo, fue la escritura el catalizador primario de todos aquellos sentimientos que se revolvían y hacían caos en la cabeza de las madres.  “Nos concentramos aplicando esa terapia específicamente”, que cabe anotar, es de bajo costo y puede ser replicada en diferentes instituciones de salud y en pacientes con patologías diversas.

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