Colombia podría ser la estrella de la innovación médica latinoamericana

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“La próxima gran revolución es la de biotecnología, implica consolidar una bioeconomía para Colombia”: Juan Manuel Santos.

Por Julio Martínez Clark

Durante la inauguración del Gran Foro de la Diversidad en septiembre de 2016, el presidente Juan Manuel Santos dijo, “la próxima gran revolución es la de la biotecnología, y el fin del conflicto implica la oportunidad de consolidar una bioeconomía para Colombia”. La bioeconomía es la actividad de crear, producir y comercializar productos a partir de la biodiversidad. Esto implica utilizar ciencias altamente especializadas como la biotecnología y la nanotecnología.

Colombia es consciente de que un crecimiento económico sostenible en el largo plazo no vendrá de la minería e hidrocarburos, sino de servicios sofisticados de alto valor agregado, manufactura e investigación y desarrollo (I&D). Este es el camino recorrido por casi todos los países de alto ingreso en los últimos 50 años. La biotecnología ofrece posibilidades particularmente atractivas para Colombia. El sector científico emplea el poder de la biología para desarrollar combustibles limpios, cosechas mejoradas, nuevos medicamentos y procesos industriales más eficientes —todos con potencial de exportación. El país cuenta con 10 % de la biodiversidad mundial, lo cual brinda en el sector de la salud, un potencial enorme para la investigación científica y el desarrollo de nuevos medicamentos.

Las ciencias biológicas son un área de investigación que generaría un gran impacto socio económico para el país. Por ejemplo, la empresa bogotana Keraderm creó un injerto de piel derivado de células madres que ya ha sido utilizado para tratar a más de 200 personas con quemaduras severas. Keraderm —con la asesoría de Interventional Concepts— está ahora conduciendo un estudio de investigación clínica en el Hospital Universitario San Ignacio en Bogotá para validar científicamente la seguridad y eficacia de su tecnología como requisito para obtener un permiso de comercialización ante el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (INVIMA) o alguna otra entidad sanitaria extranjera como la FDA en EE.UU.

Según la consultora israelí Pugatch Consilium, Colombia podría generar USD $500 millones al año si el INVIMA fuese más eficiente en aprobar los estudios de investigación clínica para probar la seguridad y eficacia de medicamentos en pruebas en humanos —producidos nacionalmente o por empresas extranjeras que buscan los centros de investigación clínica del país por su bajo costo y alto nivel científico.

En 2012, el INVIMA aprobó 106 estudios de investigación clínica con medicamentos en prueba. En 2016, solo aprobó 33. Una disminución de casi el 70%. Colombia está en la obligación de propiciar un ambiente regulatorio en el INVIMA idóneo para que se los estudios de investigación clínica con medicamentos innovadores se realicen de forma ágil y predecible. Mientras en otros países como Singapur, Australia, Corea del Sur o India, los tiempos de aprobación para este tipo de investigaciones van de 30 a 90 días, en Colombia los trámites para aprobar las investigaciones clínicas pueden durar hasta 225 días.

 

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