La ablación, una práctica ancestral africana copiada por indígenas en Colombia

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Cuando se oye hablar de la ablación o Mutilación Genital Femenina (MGF) llegan a la mente, niñas o adolescentes africanas, como el caso más reciente ocurrido en Suez (Egipto) donde Mayar Mohamed de 17 años murió por intensa hemorragia el fin de semana. Sin embargo, en Colombia también se da esta práctica en algunos resguardos de la tribu Emberá asentadas en diferentes departamentos.

La MGF es una costumbre ancestral proveniente de África, pero aquí fue copiada por tribus aborígenes colombianas, tema sobre el cual Opinión y Salud empezó a investigar.

Alberto Wazorna Bernaza, consejero del Área Territorio de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) explicó que aunque los Emberá habitan 18 departamentos, en pocos se hace la ablación de clítoris, la que fue detectada por primera vez en Risaralda. Luego se conoció que también se hace en el Valle del Cauca, Antioquia, Nariño y Caquetá.

En Risaralda somos 30.000 indígenas Emberá, pero la Nación Emberá tiene más de 200.000 indígenas en Colombia”, dijo el Consejero, aclarando a la vez que la MGF se hace en una pequeña porción de esa etnia.

Mediante averiguaciones hechas por Mónica Gómez Marín, coordinadora de Derechos Humanos de la Gobernación de Risaralda conoció que en toda la comunidad Emberá Chamí y Catía sí se hace la práctica. Del primer grupo hay 30.000 integrantes, de los cuales la mitad corresponde a mujeres, quienes son sometidas a la ablación a los dos días de nacimiento.

Gómez Marín anotó que una antropóloga de la Universidad de Antioquia descubrió que la MGF no es ancestral, sino cultural, gracias a una investigación que hizo sobre el asunto y en 2007 fue a Risaralda, donde dio a conocer resultados de ese estudio.

Según ese análisis las indígenas tomaron esa costumbre a raíz de la tergiversación del término ‘castidad’ y esto data de la época en que la iglesia católica empezó a introducirse en estas tribus.

Mónica Gómez, fue quien descubrió lo relacionado con la MGF en Risaralda, debido a que ella era asistente del entonces senador Emberá, Gerardo Jumí Tapias, quien le pidió que investigara por qué miembros de esa etnia estaban desplazándose de forma masiva hacia Bogotá en el año 2002.

Cuando Mónica estaba en el municipio de Pueblo Rico (Risaralda), notó que había más muerte de niñas que de niños, lo que le causó curiosidad. Pensó que era por desnutrición, pero al averiguar le decían que era por una infección y le señalaban los genitales, pero aún seguía sin entender. Entonces un médico le afirmó que era por un “tratamiento que les hacían, pero no sabemos para qué es”. Continúo indagando y así llegó a la verdad.

Hace 12 años inició la divulgación

En 2004 se hizo la primera denuncia en Colombia con lo que ocurría en Pueblo Rico.

“Cuando hicimos público esto (la Personera y mi compañera), lo hicimos por tratar de frenar la situación, pero se volvió un tema delicado”, anotó la funcionaria de la Gobernación risaraldense.

Los hombres de la tribu justificaron la práctica explicando que eso se hace porque es una forma de preparar las mamás a las hijas para que sean buenas esposas no sólo enseñándoles a cocinar, sino haciéndoles la MGF debido a que ellas creen que así van a ser fieles a los maridos.

Además las aborígenes no ven a la ablación como una práctica atentatoria contra la salud, sino como una ‘curación’ y una forma de ayudar a que la mujer sea fiel.

No lo hacen por maldad, lo hacen creyendo que están haciendo algo bien para que las hijas se puedan casar”, reiteró la experta.

En la cultura indígena a los 14 años una mujer se debe casar, si llega a esa edad y no se ha desposado, es considerada solterona.

Anteriormente el corte del clítoris se hacía con una cuchilla, por lo cual la niña se desangraba o se infectaba.

Quien no estuviera mutilada era devuelta por el marido y enviada al cepo por los gobernadores como castigo.

En vista de lo anterior, las mujeres decidieron cambiar la metodología para evitar ser llevadas al cepo. Ahora se cauteriza el genital de la bebita con una cuchara aplanada caliente.

 

Proceso de desaprendizaje

En 2007 se hizo la primera reunión interinstitucional con el Instituto Colombia de Bienestar Familiar (ICBF), Defensoría del Pueblo, la Organización de Naciones Unidas (ONU), Gobernación de Risaralda, entre otras entidades para tratar el tema.

Ese año se efectuó la primera intervención por el Estado dirigida a hombres y mujeres indígenas para concienciarlos de lo perjudicial que es para las niñas en aspectos sicológicos, físicos y demás. También se buscó de ese modo evitar que ellos enviaran al cepo a quien no tuviera la MGF.

En 2009 se realizó un encuentro de mujeres indígenas en Risaralda, financiado por la ONU, donde se logró un acuerdo interno en el que decía que entre el grupo aborigen se iba a trabajar para transformar esa práctica y en ello se está trabajando, debido a que ya entendieron que es una violación a los derechos humanos.

Por su parte Wazorna Bernaza anotó que la función de informar a la población para cambiar esa costumbre, ha surtido efecto, pero de manera incipiente, pues no es fácil lograr el cambio de mentalidad de un pueblo.

Además, esa labor se paró por falta de recursos económicos desde hace 7 años.

Según él, la práctica se ha disminuido porque son menos las pacientes que llegan a los hospitales por ablación, aunque la niña sólo es llevada cuando se le complica la salud.

Preocupadas las autoridades indígenas agrupadas en varias organizaciones por la persistencia de la ablación, recurrieron a distintas instancias al punto de lograr que en el Plan Nacional de Desarrollo se tocara el asunto.

“Nosotros en el nivel nacional planteamos el tema como un tema importante desde la salud de la niñez, que está esta práctica y demostramos que estaba ahí en ese sentido, y por eso ellos (el Gobierno nacional) vieron importante incluirlo en el Plan de Desarrollo, iteró el líder indígena.

Así las cosas, se incluyó un artículo encaminado a defender los derechos de las niñas con la no ejecución de la MGF.

Reconoció el Emberá risaraldense que las acciones adelantadas hasta ahora para ir eliminando esa práctica de la cultura indígena no han sido suficientes, pues se trata de una tarea difícil y lenta, por lo cual los recursos invertidos han sido pocos.

Se debe hacer un proyecto a largo plazo que incluya la socialización del problema, formación y educación al respecto “porque esta es una cosa bien difícil, mire que en Risaralda en tres años no hemos podido erradicarla totalmente, pero ha disminuido”.

Asimismo, ha habido resistencia por parte de las comunidades para aceptar que la MGF es una práctica perjudicial desde muchos puntos de vista.

El Consejero Área Territorio dijo que las entidades del Estado tampoco han dado muchos aportes para esa tarea de pedagogización sobre el tema y pidió que en caso de que no apoye, que tampoco vaya a interferir en esa labor.

Finalmente dejó en claro que para la ONIC la MGF es lesiva “y si quieren que este procedimiento (la capacitación) salga adelante para la población total, necesitamos un proyecto grande para trabajar en varios departamentos donde están los Emberá, que en promedio tienen 50.000 niños”.

También considera que sea un trabajo continuo y conjunto para que se vean los resultados.

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